A los pies de los caballos

El problema del “cotonet de Sudáfrica” se encuentra cada vez más extendido por las zonas citrícolas de la Comunitat Valenciana en particular y por el resto de las zonas citrícolas españolas en general. Estamos ante una plaga que no sabemos cómo combatirla, ni tampoco tenemos herramientas para hacerlo. Sabemos sus ciclos biológicos, pero poco más.

La eliminación del Clorpirifos, del Metil clorpirifos ha supuesto un duro golpe a la citricultura que ha visto como su herramienta más eficaz para controlar a duras penas la plaga se ha esfumado, y ahora los técnicos y los agricultores nos encontramos en una situación frustrante, ya que ni podemos ni sabemos cómo combatir la plaga. A una serie de “imaginativas actuaciones preventivas” hay que sumarle el uso de productos autorizados a dosis máximas, con una eficacia baja, y daños excesivos a la fauna auxiliar. En este sentido estamos volviendo al pasado en lugar de hacer un tratamiento quirúrgico sobre una plaga estamos lanzando “bombas de racimo” con la esperanza de que alguna alcance su objetivo, con poco éxito por cierto, y con el problema añadido de no conocer que efecto va a tener sobre las plagas restantes al afectar a los depredadores de éstas debido a esta forma desesperada de actuar.

Por supuesto, además, estos tratamientos suponen un aumento importante en los costes de producción desproporcionados con respecto a la baja efectividad de los mismos, un doble agravio si tenemos en cuenta que también vamos a tener mermas en la producción debido a la incapacidad para controlar la plaga de una forma eficaz. Y ya se alinearán los planetas para el desastre si además los precios no acompañan, si el agricultor no es capaz de repercutir sus costes de producción a los precios de venta.

Es importante recordar que esta plaga ha llegado por la poco menos que negligentes condiciones de importación negociadas con el país africano en lo que respecta al control de plagas y la laxitud de los controles aduaneros. Necesitamos ayuda, y la necesitamos urgente, necesitamos que se pongan recursos para investigar cómo combatir esta plaga, y mientras que se van desarrollando medidas de control, como la multiplicación de su depredador, el trampeo masivo o el desarrollo de algún tratamiento eficaz, necesitamos que la administración proteja a los citricultores de la ruina que se nos viene encima a toda costa o nos dejaran a los pies de los caballos.

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